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Ballena jorobada

Réquiem por un quórum: el statu quo se impone en la Comisión Ballenera Internacional

Elsa Cabrera, directora ejecutiva, Centro de Conservación Cetacea

El tercer día de trabajo de la 70º asamblea de la Comisión Ballenera Internacional (CBI70, Australia) evidenció, una vez más, que el consenso no permite el avance de las decisiones que la comisión debe tomar. Dos propuestas de reforma sobre la regla del quórum no fueron sometidas a votación debido a, lo que sólo puede describirse, como la imposición de facto del consenso como mecanismo de decisión.

Para comprender la gravedad de lo ocurrido, resulta necesario revisar el historial de cómo el denominado “bloque ballenero” ha boicoteado sistemáticamente el quórum para impedir la creación del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur. En 2011 (Reino Unido), este bloque abandonó la sala antes de que se votara la propuesta del santuario, rompiendo el quórum y bloqueando su creación. Once años más tarde (Eslovenia, 2022) la historia se repitió. Diecisiete países se ausentaron de la sala cuando se iba a discutir la propuesta, impidiendo nuevamente que llegara a votación.

Desde entonces, la CBI ha trabajado en el diseño de alternativas para contar con una definición de quórum orientada a evitar este tipo de maniobras. Después de cuatro años, todo presumía que esta semana se adoptaría finalmente una de las dos propuestas que había sobre la mesa. Una de ellas, preparada por el grupo de países latinos y del Caribe conservacionistas  en la CBI (Grupo Buenos Aires) se basa en las mejores prácticas de otros organismos internacionales. Su adopción, no sólo habría cerrado el resquicio que permite al “bloque ballenero” obstaculizar votaciones, sino también habría incentivado a sus miembros a mantener sus membresías al día y a asignar los fondos necesarios para estar representados en las asambleas anuales, de modo que pudieran formar parte del quórum y no quedar fuera de la toma de decisiones.

Sin embargo, la delegación de Argentina, en nombre del GBA, solicitó a la asamblea dos años más de prórroga para seguir abordando el tema, invocando un espíritu de compromiso y buena voluntad que permita alcanzar una propuesta adoptable por consenso en 2028. El gesto, no obstante, evidencia la creciente presión a la que están sometidos los miembros de la CBI para evitar la adopción de decisiones por votación. Porque conviene recordar que este mecanismo está legítimamente establecido en el protocolo de trabajo de la CBI y ha permitido adoptar decisiones históricas, como la moratoria global sobre la caza comercial que salvó de la extinción a la mayoría de las especies de grandes ballenas.

Por ello, resulta cuando menos lamentable que decisiones tan importantes como la del quórum vuelvan a aplazarse en nombre del compromiso y la buena voluntad. Después de todo, la situación en la que hoy se encuentra la CBI en este tema no tiene otro origen que la falta de compromiso y la carencia de buena voluntad del “bloque ballenero”, cuyos reiterados boicots a los procesos de votación son la causa directa del problema. Un bloque que, salvo Noruega e Islandia, no tiene ninguna relación comercial con la caza comercial de ballenas.

Porque la verdad es que este denominado “bloque ballenero” no es más que un grupo de países – algunos del Caribe, otros de Africa occidental – que se adhieren y participan en la CBI a cambio de programas de apoyo financiero del gobierno japonés a condición de promover activamente la posición de ese país en la CBI. Ejemplos de ello son los comisionados de las naciones caribeñas de Antigua y Barbuda y Santa Lucia quienes fueron galardonado en 2019 y 2024 respectivamente con la Orden del Sol Naciente por, entre otros, sus servicios en la promoción de la política ballenera de Japón en la CBI.

Así, los legítimos y soberanos intereses de conservación y uso no letal de los cetáceos se vieron nuevamente doblegados ante la presión ejercida para adoptar decisiones por consenso, sacrificando con ello la adopción de una definición de quórum capaz de someter propuestas como la del santuario a votación sin que puedan ser bloqueadas. Todo, para satisfacer los deseos de un mal llamado “bloque ballenero” que no caza ni tiene ningún interés o capacidad de cazar ballenas a escala comercial.

Una vez más, el consenso en la CBI se convierte en la vía del estancamiento. Detiene decisiones tan relevantes como una definición sólida de quórum y obstruye la adopción de propuestas tan importantes para salvaguardar las poblaciones de ballenas y los servicios que brindan al ecosistema como la creación del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur.