19 de Febrero de 2026. Eocceanos/CCC Noticias – El Día Mundial de las Ballenas es una fecha que invita a evaluar el papel insustituible de estos gigantes en el equilibrio del océano y la regulación del clima. A más de dos años de un masivo llamado ciudadano al presidente Gabriel Boric para fortalecer la protección de estos cetáceos, este día nos deja más cuestionamientos que certezas, frente a la inminente llegada de una nueva administración que promete priorizar los intereses económicos sobre la conservación de la biodiversidad.
¿Porqué conmemoramos el Dia Mundial de las ballenas?
En este día recordamos la larga lucha ciudadana y científica que en 1986 logró la moratoria global sobre la caza comercial de ballenas, tras siglos de capturas irracionales que sacrificaron a cerca de dos millones de ejemplares en los océanos. En Chile, este saqueo significó que entre 1929 y 1983 se cazaran treinta mil ballenas, una devastadora historia que llevó a que en 2008 una campaña ciudadana histórica liderada por el Centro Ecoceanos y el Centro de Conservación Cetacea, lograra la promulgación de la Ley 20.293, que declaró las aguas jurisdiccionales chilenas como zona libre de caza de cetáceos o santuario de ballenas, complementada con la declaración de todas las especies de cetáceos como monumentos naturales.
¿Por qué es importante proteger a las ballenas en el siglo 21?
En los 3,6 millones de kilómetros cuadrados de la Zona Económica Exclusiva chilena habita el cincuenta por ciento de las especies de cetáceos descritas a nivel global, incluyendo a la ballena azul, la ballena jorobada y la ballena franca austral del Pacífico sudeste. Estos mamíferos marinos son verdaderas jardineras del mar porque sus fecas, ricas en hierro y nitrógeno, fertilizan el fitoplancton, base de la red trófica marina que genera oxígeno y captura CO2, además de estimular la productividad pesquera de la que dependen más de tres mil millones de personas alrededor del planeta.
Entre todas las especies que frecuentan nuestras aguas, la ballena franca austral del Pacífico sudeste enfrenta el panorama más crítico porque estudios genéticos han revelado que esta población es única y está aislada de las poblaciones del Atlántico Suroeste y del Indo-Pacífico, lo que indica que no existiría posibilidad de repoblamiento natural desde otras áreas. Su población se estima en menos de 50 individuos maduros, por lo que se encuentra clasificada En Peligro Crítico. Esta realidad implica que cada muerte atribuible a causas humanas puede significar un golpe letal para la supervivencia de la especie en el Pacífico suroriental.
Protegidas pero amenazadas
Las ballenas en Chile enfrentan múltiples amenazas que el actual modelo extractivista no ha sabido mitigar, como la denominada diplomacia del arpón de Japón que presiona en la Comisión Ballenera Internacional para reinstalar la caza comercial a través de una propuesta de resolución que busca declarar a las ballenas como fundamentales para la seguridad alimentaria, lo cual abriría la puerta a la reanudación de la caza en el Pacífico y la Antártica.
Además, Chile encabeza las cifras mundiales de muerte de ballenas por colisión con embarcaciones según un estudio publicado en Marine Policy en 2025, constituyendo una de las principales causas de muerte de origen antropogénico para grandes cetáceos. A ello se suma la contaminación acústica generada por el tráfico marítimo, la acuicultura industrial en la Patagonia chilena.
La pesquería de kril en la Antártica representa otra grave amenaza porque flotas de Chile, China, Noruega y otros países capturan kril antártico, la principal fuente de alimento de ballenas en el Océano Austral. Buques factoría como el Antarctic Endeavour, de propiedad chilena, se han visto involucrados en la muerte de ballenas jorobadas en las temporadas 2024 y 2025.
La expansión de la salmonicultura industrial con el objetivo de duplicar su producción para 2040 incrementa la contaminación orgánica y química, y los enmallamientos letales de ballenas con sus redes, incluso al interior de Áreas Marinas Protegidas (AMP). En la actualidad existen 408 centros de cultivo de salmón que operan al interior de parques nacionales y AMP en las regiones de Aysén y Magallanes.
Silencio oficial frente a llamado global
En noviembre de 2023, más de setenta organizaciones nacionales, regionales e internacionales representando a millones de personas y comunidades costeras de más de veinte países entregaron una carta en el Palacio de La Moneda al presidente Gabriel Boric. Esta misiva liderada por el Centro de Conservación Cetácea y el Centro Ecoceanos realizaba un urgente llamado de atención sobre las muertes de ballenas francas australes, incluida una cría de pocos meses, debido a las operaciones de pesca y salmonicultura intensiva. Las organizacioens adheridas solicitaban medidas concretas para fortalecer el Santuario de Ballenas de Chile, como regular el tráfico marítimo reduciendo la velocidad en zonas de avistamiento y prohibir la operación de centros de cultivo intensivo al interior de áreas protegidas, entre otras.
La directora del Centro de Conservación Cetácea, Elsa Cabrera, declaró entonces que esperaban una respuesta igualmente sólida de parte del presidente Boric porque de ello dependía la supervivencia de la ballena franca austral, mientras Juan Carlos Cárdenas de Ecoceanos advirtió que si querían evitar que esta especie en peligro crítico fuera la primera en extinguirse en el Pacífico Suroriental durante la primera mitad del siglo veintiuno se requería acción inmediata. Sin embargo, a más de dos años de aquella histórica movilización y a pocos días del Día Internacional de las Ballenas 2026, el gobierno saliente de Gabriel Boric no implementó ninguna acción solicitada.
Propuestas ciudadanas para la acción 2026
Frente a este preocupante escenario y la llegada de un nuevo gobierno que promete anteponer intereses economicos sobre la protección de la biodiversidad, Centro Ecoceanoas y Centro de Conservación Cetacea hacen un llamado a la ciudadanía a exigir y trabajar unidos por siete medidas de conservación para las ballenas. Primero, cumplir y monitorear el marco regulatorio de la Ley 20.293 protegiendo las áreas claves del maritorio utilizadas como rutas migratorias, alimentación, reproducción y cuidado parental. Segundo, adoptar regulaciones vinculantes para el tráfico marítimo mediante reducción obligatoria de velocidad en zonas de avistamiento, desvío de rutas en áreas de alto riesgo de colisión, creación de zonas de exclusión y sistemas de monitoreo independientes. Tercero, exigir información pública a Sernapesca sobre las medidas adoptadas para prevenir la reincidencia de interacciones letales entre barcos factoría y ballenas en la pesquería de kril del Océano Austral y la Antártica. Cuarto, instruir al gobierno chileno a rechazar en la septuagésima asamblea plenaria de la Comisión Ballenera Internacional en septiembre de 2026 en Australia cualquier resolución que busque declarar a las ballenas como fundamentales para la seguridad alimentaria y que abra la puerta a la caza comercial. Quinto, decretar una moratoria a la expansión de la salmonicultura industrial y exigir la salida sin compensación de los 408 centros de cultivo que operan ilegalmente dentro de parques nacionales y áreas protegidas en la Patagonia. Sexto, fortalecer la colaboración con Perú para implementar el Plan de Conservación de la ballena franca austral del Pacífico Sudeste articulando esfuerzos entre Estados, ciencia, comunidades costeras y organizaciones. Séptimo, transparentar las negociaciones con Estados Unidos sobre la aplicación del Acta de Protección de Mamíferos Marinos para conocer los resultados de la fiscalización de las interacciones letales de la pesca industrial y acuicultura con mamíferos marinos.
La historia de la conservación marina en Chile ha sido escrita por la ciudadanía organizada. En 2008, lo logramos al declarar el país como Santuario de Ballenas. Hoy, en el Día Mundial de las Ballenas, nos enfrentamos al silencio del gobierno saliente y a la incertidumbre del gobierno entrante. Frente a este escenario, el desafío es redoblar la presión ciudadana para que estas siete propuestas se transformen en acciones concretas. En las manos de la ciudadanía está el futuro de las ballenas, la salud del océano y el bienestar de la humanidad.
