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Política bélica de Estados Unidos amenaza ballenas, delfines y más del 70% de los océanos del mundo

Organizaciones civiles presentaron una demanda legal contra la Armada de Estados Unidos y el Servicio Nacional de Pesca de ese país por la implementación de un programa global de sonares militares activos de baja frecuencia que amenaza la vida de cientos de especies marinas, incluidas las ballenas y delfines.

El Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC por sus siglas en inglés), la Sociedad Humanitaria (Humane Society) y reconocidos especialistas marinos como Jean-Michel Cousteau, entre otros, presentaron el jueves pasado una demanda legal contra la implementación de un plan que podría convertirse en la mayor amenaza para ballenas, delfines y la vida marina en general.

El plan de la Armada de los Estados Unidos – que busca desplegar un sistema global de sonares activos de baja frecuencia y alta intensidad cubrirá el 75 por ciento de los océanos del mundo durante los próximos cinco años – fue recientemente aprobado por el Servicio Nacional de Pesca de la nación norteamericana. El proyecto contempla la instalación y uso de 18 altavoces que serán colocados cientos de metros bajo el nivel del mar en diversas zonas del planeta.

En la demanda legal, las organizaciones civiles y especialistas afirman que la aprobación del plan perjudica a miles de mamíferos marinos clasificados En Peligro, como la ballena azul y otras especies de cetáceos.

“La aprobación [de parte del Servicio Nacional de Pesca de Estados Unidos] se produce frente a evidencias que los sonares activos de baja frecuencia generan riesgos de lesiones e innumerables trastornos a las especies marinas y su hábitat. Los impactos van desde alteraciones significativas en conductas críticas para su supervivencia – como crianza, alimentación y reproducción – hasta efectos físicos como pérdida de audición, varamientos y muerte” afirma la demanda.

El documento continua asegurando que “la Armada de Estados Unidos reconoce que el uso militar de sonares de baja frecuencia puede lesionar y matar ballenas, delfines y otras especies marinas. Sin embargo busca usar esta tecnología en el 70 a 75 por ciento de los océanos del mundo. Conociendo sus impactos extremos, que incluso pueden causar la muerte de especies marinas, el plan representa un riesgo demasiado alto para ser implementado sin analizar y designar suficientes áreas oceánicas protegidas del uso de esta tecnología”.

Zak Smith, abogado de NRDC, afirmó que “los impactos de los sonares activos de baja frecuencia ocurren a cientos de kilómetros de la fuente emisora de sonido”. Smith agregó que durante una prueba de este sistema, la Armada de los Estados Unidos calculó que las ondas de sonido podrían perturbar a ballenas grises que se encontraban a más de 450 kilómetros de distancia”.

Al respecto, la demanda agrega que “la Armada de los Estados Unidos ha estado utilizando esta tecnología potencialmente letal por varios años en pequeñas y discretas áreas del Océano Pacífico, sabiendo que generan daños en los mamíferos marinos. Ahora busca expandir el uso de sonares activos de baja frecuencia en dos tercios de los océanos del planeta, mientras que sólo han identificado un puñado de áreas pequeñas que merecen protección”.

De acuerdo a las organizaciones civiles y especialistas en la materia, la aprobación del plan quinquenal no contiene fundamentos para estimar el número de animales que morirán durante su implementación, ni tampoco incluye alternativas para restringir el uso de esta tecnología en zonas que podrían reducir el riesgo a la vida marina”.

Esta es la tercera oportunidad que la Armada de Estados Unidos intenta expandir sus ejercicios militares con sonares de baja frecuencia. Planes similares impulsados por la Armada norteamericana en 2003 y 2008 fueron bloqueados en su oportunidad gracias a medidas cautelares.

Mientras que el Servicio Nacional de Pesca norteamericano afirma que su decisión de aprobar el controversial plan cumple con las resoluciones de la Corte, las organizaciones civiles afirman que “no responde a las preocupaciones identificadas previamente por el tribunal, específicamente a la falta de medidas de mitigación adecuadas y necesarias para proteger la vida marina”. Los demandantes esperan que el plan de la Armada de los Estados Unidos sea considerado como una violación a la Ley de Especies en Peligro.

La demanda liderada por la NRDC se une a acciones similares presentadas en enero por el Consejo Inter-tribal Sinkyone y el Centro para la Diversidad Biológica, contra la expansión del uso de sonares militares de baja frecuencia y alta intensidad.

Smith concluyó que “Sin equivocarnos podemos afirmar que los sonidos de baja frecuencia y alta intensidad pueden matar, herir y perturbar a los mamíferos marinos. Por ello solicitamos a la Corte que exija a la Armada y el Servicio de Pesca de los Estados Unidos cumplir con la legislación y hacer los mayores esfuerzos para proteger la vida marina”.

SONARES ACTIVOS DE BAJA FRECUENCIA

Los sonares activos de baja frecuencia son sistemas de localización de objetos con fines militares. El modo en que opera este sistema es a través de la utilización de emisores de sonido que producen decenas de pulsos de alta intensidad (por encima de los 200 dB) y baja frecuencia (entre 450 y 700 Hz), en periodos cortos de tiempo (250 en 4-5 segundos). Las ondas emitidas golpean sobre los objetos y rebotan hasta un receptor que las interpreta y permite visualizar el objeto en cuestión. Debido a que el sonido se propaga 4,5 veces más rápido en el agua que en el aire y a que las ondas de baja frecuencia pueden viajar grandes distancias bajo el agua, los sonares de baja frecuencia permiten detectar objetivos a cientos de kilómetros de distancia. El objetivo de este sistema militar es localizar con precisión submarinos tanto nucleares como a diesel, incluidos los más silenciosos.

Diversos estudios científicos demuestran que el uso de sonares activos de baja frecuencia constituye una amenaza para los mamíferos marinos, peces y otras formas de vida silvestre marina. En el caso de los cetáceos, la resonancia provocada por los sonares de baja frecuencia produce la vibración de todas las cavidades del cuerpo (p.e., traquea, mandíbulas, espacios craneales y órganos internos), ocasionando graves daños, principalmente en aquellos órganos que contienen aire. Los impactos producidos por las ondas de sonido también pueden provocar hemorragia en los pulmones y los oídos, llegando incluso a destruirlos. Considerando que los impactos provocados por el uso del sonar de baja frecuencia pueden alcanzar cientos de kilómetros de distancia, las consecuencias para la vida silvestre marina podrían ser devastadoras.

Adicionalmente los sonares de baja frecuencia emiten ondas de sonido en la misma frecuencia que diversas especies de ballenas que aún no se recuperan de los impactos de la caza comercial, como la ballena jorobada, franca y azul.

Fuente: Courthouse News Service,   Switchboard of NRD, Centro de Conservación Cetacea