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Osedax, gusano devora-hueso de ballenas

El silencio de los devora-huesos de ballenas: una nueva señal de alerta para el océano

Elsa Cabrera, directora ejecutiva, Centro de Conservación Cetacea

En las profundidades del océano, donde la luz solar no alcanza a llegar, se gesta un proceso vital extraordinario. Todo comienza con unos gusanos conocidos como devora-huesos u Osedax (“comedor de huesos” en latín). Estas criaturas inician su vida como larvas microscópicas que viajan a la deriva cientos de kilómetros en las profundidades del océano, transportadas por las corrientes. Su objetivo es encontrar restos de ballenas muertas en el lecho marino, especificamente, sus huesos. Al toparse con restos óseos, los devora-huesos desarrollan una especie de raíces que utilizan para anclarse e introducirse en ellos. Aunque carecen de boca y sistema digestivo, estos gusanos utilizan bacterias para descomponer los nutrientes que se encuentran en el interior de los huesos y alimentarse. Más importante aún, al perforar los huesos, inician un proceso que libera nutrientes para una multitud de otras especies abisales, desde crustáceos hasta otras especies de gusanos.

Este ciclo depende de un evento previo crucial: la caída de ballena. Cuando uno de estos mamíferos marinos muere en alta mar, su enorme cuerpo se hunde hasta el lecho oceánico. Este cadáver, conocido como “caída de ballena” (whale fall), constituye el mayor aporte de alimento orgánico en un entorno generalmente escaso en nutrientes. El esqueleto, en particular, puede sustentar ecosistemes complejos durante décadas, y los gusanos devora-huesos son usualmente los ingenieros que ponen este recurso a disposición del resto de la comunidad marina.

Hace diez años, para entender mejor este proceso, científicos colocaron huesos de ballena jorobada en el Cañón de Barkley, a unos mil metros de profundidad en el Pacífico noreste en Columbia Británica (Canadá). La expectativa era documentar la colonización clásica de Osedax y otras especies abisales. Sin embargo, tras una década de observación continua con cámaras de alta resolución, el equipo de investigación de Ocean Networks Canadá no registró la presencia de un solo gusano devora- huesos. Este resultado negativo en un experimento tan prolongado es, en sí mismo, un hallazgo significativo. Y preocupante.

Esto porque la explicación más plausible estaría ligada a las condiciones ambientales. El sitio de estudio se encuentra en una zona donde el oxígeno disuelto en el agua es naturalmente bajo. La evidencia científica indica que el calentamiento de los océanos está expandiendo estas “zonas mínimas de oxígeno”. El experimento en el Cañón de Barkley plantea la posibilidad de que, al alcanzar un umbral crítico de oxígeno, las larvas de Osedax no puedan establecerse o sobrevivir. Sin ellos, el proceso de descomposición de los huesos de las ballenas y la liberación de nutrientes podría verse severamente retardado o alterado.

Las implicancias son profundas. Si esta ausencia no es un caso aislado, la conectividad entre los oasis abisales producidos por las caídas de ballena podría quebrarse. Las larvas de Osedax, que dependen de las corrientes para encontrar nuevos hábitats, llegarían a cadáveres que ya no pueden colonizar. Esto podría llevar a una pérdida paulatina de biodiversidad en amplias regiones del fondo marino, afectando no solo a los gusanos, sino a toda la red trófica que depende de estos restos marinos.

Así, la silenciosa desaparición de un gusano marino en un experimento de diez años se convierte en un dato elocuente. Sugiere que el cambio climático, al alterar parámetros fundamentales como el oxígeno disuelto en el fondo marino, podría estar desarticulando ecosistemas completos en la oscuridad de las profundidades, mucho antes de que notemos sus efectos en la superficie. Este es un recordatorio más, sutil pero contundente, de que la crisis climática es un fenómeno sistémico. Su solución requiere, con la misma urgencia, una acción colectiva y transformadora que aborde de raíz las causas del cambio climático. Porque la salud de las profundidades del océano es un espejo de la salud de todo el planeta, el llamado es a actuar ahora.